domingo, 10 de julio de 2016

El buen samaritano


El buen samaritano. 1890. Obra de Vincent van Gogh
 Óleo sobre tela. 73x60 cms.
Museo Kröller-Müller .Otterlo, Los Países Bajos, Europa


Leemos este domingo en la Eucaristía la parábola del buen samaritano. Por eso, hemos escogido una genial obra de Van Gogh. En la carta 607, de 19 de Septiembre de 1889, Van Gogh muestra ya su intención de pintar esta obra: "Voy a copiar " El Buen Samaritano" de Delacroix". Posteriormente, a principios de Febrero de 1890, en la carta 626, vuelve a comunicar a su hermanao Theo su intención: "Uno de estos días espero comenzar "El Buen Samaritano" de Delacroix y "El Leñador" de Millet".  Con fecha 3 de Mayo de 1890, en la carta 632, comunica a Theo que ya ha realizado también una copia de Delacroix. El cuadro, copiado de una litografía de Delacroix que tiene como tema la parábola del buen samaritano.

Cuando Van Gogh realiza este cuadro acaba de recuperarse de la que sería la última recaída de su vida, aunque se encontraba aún agotado por la enfermedad.

Las circunstancias durante las que lleva a cabo su obra son las mismas que las que sufría cuando pintó "La Resurrección de Lázaro", y muy parecidas a las que padeció cuando pintó "Piedad" y "Angel". Todas estas obras de carácter religioso tienen en común que son ejecutadas inmediatamente después de la recuperación tras una recaída de su enfermedad, y puede verse en ellas el deseo de encontrar consuelo en sus pensamientos religiosos, como una forma más de salir de la depresión que le causa sus recaídas, identificándose de una u otra manera con los protagonistas de los cuadros.

Una lectura del cuadro puede interpretarse como una representación de su vida en Saint Rémy, o su vida en general, en la que se considera un hombre sólo y castigado por las circunstancias, y en la que alguien (su hermano Theo?) le ayuda a levantarse y a proseguir.

Finalmente, el hecho de que pase un sacerdote, luego un levita (encargados de los templos), y un samaritano (despreciados por los judíos, quienes les negaban el saludo ni tenían tratos con ellos), se presta a la crítica, una vez más, del estamento religioso, y a todo autoritarismo en general, al mismo tiempo que muestra su preferencia por los más sencillos y humildes, entre los que encuentra mayores rasgos humanitarios.

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