sábado, 14 de enero de 2017

Hendrick ter Brugghen. La vocación de San Mateo


La vocación de San Mateo c. 1621, Obra de Hendrick ter Brugghen
Olio su tela, 102 x 137 cm
Centraal Museum , Utrecht, Paises Bajos.

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él, y les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de publicanos y pecadores se sentaron con Jesús y sus discípulos. Algunos escribas fariseos, al ver que comía con publicanos y pecadores, les dijeron a los discípulos: «¡De modo que come con publicanos y pecadores!» Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Leemos hoy en la Eucaristía el relato de la vocación de Leví según san Marcos. Contemplamos la escena en la representación barroca del pintor Brugghen. En la pintura están retratadas diferentes aptitudes que nos pueden interrogar. Jesús, por una parte, casi ausente, escondido pero enérgico y decidido, lanza el dedo hacia Mateo quien se interroga a sí mismo, y hace dudosa la llamada, casi increíble ¿es a mi? -se pregunta-, ¿soy yo a quien Jesús está llamando? (¡Cuántas veces podemos habernos hecho esas preguntas!).

Los acompañantes asisten algo admirados a la escena, preguntándose: ¿quién es éste, que viene a llamar a ése, que es un ...?, ¿a qué santo aparece a perturbar su cómoda vida? ¿quién es el llamado: ¡ése, un recaudador, un colaborador de Roma, un corrupto, un pecador! ¿Quién es este loco que deja el negocio y atiende la llamada de este rabino, este predicador?

El personaje de la derecha parece que permanece fuera de lo que está sucediendo y sigue atento a su  negocio, que hay que mantener y salvaguardar. Ve con malos ojos tanto a quien se atreve a romper el orden establecido, como a quien se levanta de su asiento y, dejándolo todo, sigue a este hombre que, aparentemente, no da nada y pide todo. Ambos parece que han enloquecido.

Esto contrasta con la mirada serena y confiada de quien parece ser ya un discípulo, que está a la izquierda de Jesús, asistiendo a la llamada del Maestro y a la disponibilidad del llamado. No hay temor en sus ojos; al contrario, animan en silencio a seguir a Jesús.

¿Dónde estamos nosotros? ¿Dónde nos situaríamos dentro de esta escena? ¿somos los sanos, los pecadores, los justos o los enfermos?

No hay comentarios:

Publicar un comentario